Qué bello es el mar, enojado y tranquilo, oscuro y cristalino. Sinuosamente se mueve, en un vaiven de tempestuosos borbotones, y atrae nuestra mente.

Es como si entrara por cada poro de tu cuerpo y sus olas rompiesen contra aquellas ideas que en otro momento te inquietaban para dejarlas a la altura de la espuma, quebrantandolas y otorgando paz.

Mar mío, portador de anhelos a aquellos hombres cuyos sueños un día se rompieron. Océano, tú, tan tranquilo despiertas y en llamas estallas sin aviso. Aguas eternas, que en tu cuna reposan mis miedos mientras con tu nana me duermes.

J. G. Manzano

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