Hoy he comido con una amiga. Hacía cerca de un año que no la veía, aunque antes sí que nos veíamos con más asiduidad. El caso es que estuvimos hablando… y no he dejado de pensar en una serie de cosas a lo largo del día.

En primer lugar, ¿qué cojones quiero de mi vida? Es decir, estoy estudiando una ingeniería que,  a pesar de que mis notas no sean las más envidiables, me voy sacando. Estoy trabajando y gano lo suficiente para comer en un restaurante varios días a la semana, pagarme el teléfono y despilfarrar el dinero en chorradas como ir al cine a menudo. Tengo amigos, a los cuales veo con bastante frecuencia… pero me falta algo. Tengo todo lo que un joven de veintiun años querría y, sin embargo, mi vida no me cumple. ¡Coño, que incluso salgo a estudiar y me permito el lujo de tomarme un Tanqueray mientras! Pues chicos, esa pregunta me ha salido a flor de piel, qué quiero o para qué vivo. Ahora lo tengo muy claro, quiero algo por lo que podar la vida. Algo por lo que no dudaría ni un segundo darlo todo.

Por otra parte, me he dado cuenta de que no soy serio con mi vida. Como ya he dicho, tengo 21 y estoy estudiando pero estoy viviendo en la comodidad de que mis padres me pagan todo y permito el lujo de procrastinar mi propia vida. Sí, no estoy hablando de ver una peli en vez de estudiar, que también, sino que estoy evitando a toda cosa la decisión de QUÉ QUIERO HACER por que es más cómodo jugar al ordenador mientras tenga algo que llevarme a la boca. Y explicaré este concepto como mejor pueda: Estoy estudiando por que es lo que tocaba al terminar bachillerato. Es decir, ni si quiera me he planteado si es lo que quiero hacer o sí había más alternativas, simplemente lo hice. No estoy diciendo con esto que vaya a dejar mi carrera, pero sí que si voy a seguir estudiando quiero encontrar una razón para hacerlo, no por que sí. Quiero ser serio con mi vida y darle una razón de ser a las decisiones que tomo. Es como un matrimonio: no le pides la mano a tu novia hasta que no estás seguro de que deseas compartir el resto de tu vida con ella, con la salvedad de que cada cosa tiene un reloj de arena con distintos tiempos.

Y, ¿qué quiero decir con todo esto? Que ya era hora de sentarse y darle un razón de ser a las decisiones que tomamos y no deambular por la vida como zombis sin cabeza que no saben a dónde ni por qué caminan.

Yo quiero caminar con rumbo, y quiero decidir mi propio rumbo.

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