¿Cuántas veces no hemos sentido una congoja en el corazón que nos inmoviliza  la mente e impide pensar en nada más? ¿Cuántas veces no hemos querido tirarnos a un enorme vació abierto donde corra un fortísimo aire y la caída sea estrepitosamente infinita?

Yo hay días en que querría huir a muy muy lejano. Esos días en que la presión del estudio escinde en el tuétano de tus huesos y la realidad te quiebra por completo dejándote indefenso, sobre tus rodillas, a merced de lo que pueda suceder. Días en que tu cuerpo parece que se astilla y tu corazón no quiere bombear más sangre.

Así, ante la pesadez de un caluroso día de primavera que agota por completa las nimias fuerzas del cuerpo…

Sucumbes…

Y lloras.

 

J. G. Manzano

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