Así como el viento acaricia un abeto,
igual que el asfalto desgasta las ruedas
o las manzanas caen al suelo,
mi corazón anhela realidad.

Y aun tras la dureza de la misma,
nuestro ser, inalterable, permanece vehemente,
deseoso, ardiente…
y apasionadamente enamorado de ella.

Es pues, encontrándonos con nuestra inherente insuficiencia
es cuando más dura se vuelve,
cual diamante causado
que raya nuestra aflictiva cabellera.

Pero y quien la libertad descubre
en tal río de penas,
sinuoso desfiladero afronta,
pues el camino de la amargura y felicidad cruza,
o todo o nada… y en nuestro albedrío queda…

 

J. G. Manzano

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