La verdad es que llevo tiempo sin pararme a reflexionar sentado. En todo este tiempo parado, irónicamente, el tiempo no se ha parado. La vida sigue, continúa, con su belleza o su crudeza. Un pack, todo en uno. ¡Aún me pregunto por qué no lo ofrecen en el Media Markt!, aunque claro… sólo lo comprarían los tontos como yo, y allí no quieren a tontos.

Bromas a parte, esta semana me sorprendido por dos cosas. La primera por mi carrera. Me encuentro ahora, de nuevo, redescubriendo la belleza de aquello que estudio. Ha habido dos clases que me han conmovido especialmente. La primera ha sido una clase de física en la cuál el profesor se detuvo 10 breves minutos a explicarnos el fundamento físico de los superconductores y sus aplicaciones. Para los que no sepan nada, sencillamente consiste en que un material (por ejemplo el mercurio) cuando lo enfrías a temperaturas increíblemente bajas (cercanas al cero absoluto), tiene un cambio de fase (un cambio de fase es por ejemplo cuando el agua cambia de líquido a sólido) y ofrece una resistencia prácticamente nula a la corriente. Claro, esto, a los que no os interese el tema, podéis pensar que no sirve para nada, pero es, por ejemplo, es la base de que se pueda introducir una corriente en un hilo, que se retire el generador, y que la corriente siga circulando!

En cualquier caso, no me quiero enrollar en la clase, por preciosa que fuera. Ésta fue una, y la otra fue una de electrónica digital. El caso es que me encontré escuchando al profesor, absorto por lo que decía. Y ahora pienso, qué belleza, y cuánta junta! Es un verdadera bendición poder disfrutar con tal intensidad de aquello a lo que, probablemente, dedique toda mi vida.

La segunda cosa por la que me he sorprendido, no la recuerdo, pero igualmente, era bonita 😉

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