Si fuera un animal, sería un ornitorrinco, un color, el azul, un sabor, la saliva, un olor, la montaña tras un fugaz chaparrón. Si fuese una asignatura, sería física astrológica, ya que por difícil que sea, es apasionante. De cereales sería la malta, pues es el origen de la cerveza. Si fuese un libro, me gustaría ser el que tu escribieses, sería interesantísimo.

No tengo miedo a las serpientes, algunas son mortales, pero huyen. Para mí, triunfar en la vida se divide según aspectos, pero en el más importante, me gustaría ser padre de familia y ser feliz con ello. Ser feliz no tiene definición. Sencillamente eres o no eres feliz, o estás en busca de ello. Todos los buscamos, pero unos más que otros. A mí me conmueve tu inabarcable deseo de felicidad, enorme.

Me he reído muchas veces hasta que me doliese la tripa, tantas que no sabría enumerártelas.

Sí, he pensado numerosas veces en los niños de áfrica, pero no con pena. No puedo empatizar a alguien cuando no le conozco o la experiencia me es extraña. En los viejos no he pensado nunca.

Nunca me he molestado en quien ha salido en miss universo. Me parece una enorme chorrada. ¿Los concursos de belleza? Lo mismo.

La gente que dice ordinarieces me gusta. Yo también soy ordinario… en ambos sentidos! Pero, sin embargo, hablo a la gente mayor que yo (aunque tengan 30 años) de usted. Siempre. Los que hablan mal al profesor me parecen unos inmundos escarabajos de occidente carentes de educación ni órganos en la cabeza que les permita al menos dibujar una mísera y triste línea en su negro y plano cefalograma. No, es broma, pero me parece triste. Una falta de respeto. Para mí el respeto es saber tratar al otro como se merece, pero es necesario denotar que una persona no se merece que la traten por lo que hace sino por lo que es. He aquí la clave que la sociedad se salta día tras día. Yo sí me considero respetuoso.

Muchas veces me he sentido timado y engañado… es una mierda. ¿Impotente? Es inherente a la existencia humana. Nosotros no nos damos la vida ni decidimos que circunstancias nos rodean. No me siento impotente, lo soy.

Odio la cobardía, aunque yo lo soy en muchas ocasiones. Odio también la falta de sinceridad, aunque a veces me traicione a mí mismo. Odio tantas cosas… y amo a tantas otras.

Cuando estoy muy muy cansado duermo y/o me voy al campo. El campo, los arboles y la montaña son mi santuario…

Suelo sonreír a menudo, me conoces, y cuando estoy contento aun más. El campo me hace sentirme en casa, en él estoy contento.

El pelo no me lo toco cual chica femenina, pero sí me intento peinar. Los dientes… no me gustan mis dientes. Ni mi encía. Me parece fea, muy grande, muy vistosa. No sé.

De tono de móvil… cada vez los cojo más manía… me gusta el silencio, o la música en su debido momento, pero un ruido que irrumpa en mi vida no me gusta. Ya hay suficiente ruido de por sí.

Las vibraciones no me aturden, son silenciosas, y menos si provienen de tí. Implican algo dulce… y esperado.

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