¿Es contable o no es contable?

A mi en la escuela me enseñaron que las cosas contables eran aquellas que se podían contar, al menos con números, y las no contables aquellas que no, como el agua, la soledad, el vacío o el amor.

Así, acorde a lo que aprendí de pequeño, los textos, las palabras y las letras son contables… pero la vida a veces parece enseñarte lo contrario. En ocasiones la vida da lugar  pensar que hay cosas que dijiste que no deberías haber dicho, y cosas que nunca dijiste que añoras haber dicho. Sobrecogedor.

Ésto remite, de nuevo, a un tema al que recurro mucho, la legitimidad de los hechos y las elecciones. Pero hoy no voy a hablar negativamente de esto. No entiendo muy bien porqué, ni a causa de qué, pero cada vez caigo más en la certeza de que aquello que antaño hemos hecho o elegido ES legítimo. Es legítimo sencillamente porque nosotros lo hemos elegido. En el momento dado tendríamos una razón para hacerlo, pudiendo ser esta no tan legítima, pero eso es otro campo del conocimiento distinto. Fervientemente creo que no podemos estar retractándonos en aquellas cosas que elegimos, ni podemos quemarnos la cabeza con dudas de lo que fue o de lo que pudiera haber sido, ni si quiera de lo que pueda ser. La vida es sencilla de por sí. Nosotros la complicamos.

A mi, una cosa que cada vez me pide más el corazón es vivir el momento. Y no con ello me estoy refiriendo a un carpe diem sacado de libro, ni tampoco a su “gemelo” collige virgo rosas. No, cuando digo que el corazón me pide vivir, me refiero a que necesita vivir de aquello que sucede, ayer, hoy y mañana. Vivir aquello que es real, no aquello que sucedió o que pudiera suceder, pues, si no vivimos lo real, ¿qué vivimos?

A veces resulta tan increiblemente dificil atenernos a lo que sucede por los fantasmas que pudieramos tener del pasado, aquellos que nos atormentan por la noche hasta quitarnos el sueño, o del futuro, aquellos que nos meten la incertidumbre en el cuerpo, comiéndose nuestros intestinos  a base de dudas, pero llega un momento en la vida en que, por el propio peso de éstos, debemos dejarlos atrás, o delante. Resulta surrealista que esto sea una decisión que podamos tomar nosotros, y a veces es dificil. Yo no soy una persona del pasado, pero sí increiblemente futurista… y, sin embargo, ha llegado un momento en mi vida en el que he decidido dejar de lado todas las dudas para poder verdaderamente vivir. Es cierto que tampoco nos es inmediato. Primero porque muchas veces no somos conscientes del “por qué” de nuestra pesadez interna diaria, o también por que otras veces volvemos a caer en la tentación de preocuparnos, pero, ¿Qué coño? ¿Acaso no somos todo humanos? A mi me ocurre todo esto. ¿Y a tí?

Yo, a raiz de este enorme “bolo”, no puedo sino invitarme todos los días a realizar el mismo trabajo, un trabajo personal, el trabajo de estar atento y consciente de aquello que sucede, ahora, en este instante y no de lo que sucedió o sucederá. Es un trabajo arduo… pero valioso. Es un trabajo que no es sino un escalon más a la felicidad diaria…

J. G. Manzano

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