No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada. Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.”- Ortega y Gasset

Y sin embargo, anterior a la decisión está la duda. Anterior a toda posible posibilidad, cabe la duda. Y además, posterior a la decisión, está la duda. Posterior a cada decisión, existe la duda.

Duda. Incertidumbre.

Es cuando no estamos seguros de la legitimidad de nuestro carácter y espontaneidad cuando se siembra el gusano que carcome nuestro ser por dentro con cada decisión que tomamos, obligándonos a juzgarla de adecuada o incorrecta, de buena… o estúpida.

Y con cada circunstancia, y con cada decisión, este gusano se alimenta, crece y aumenta el tamaño que ocupa en nuestro cuerpo, royendo cada vez más nuestro interior, infiltrando en las cloacas de nuestra mente la incertidumbre, de nuevo, de la legitimidad de nuestro carácter, de nuestro ser, robándonos así la verdadera libertad a la hora de actuar.

Y ante este paradigma, puramente mental, ¿qué es lo que nos salva?

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