Querido tío,

Tan sólo el otro día discutíamos en tu casa acerca de lo que debería estudiar. Yo había comentado que me gustaba la cocina, de hecho… que pretendía hacer cocina, pero tu me intentabas disuadir de mi deseo para que estudiase una ingeniería de telecomunicaciones.

Entiendo que me lo digas porque realmente te preocupas por mí, y mi consiguiente futuro, y te lo agradezco, pero para entenderme a mí hay que adoptar otra postura. De hecho, en la discusión había dos posturas radicalmente distintas:

Tu postura es justa, y propia de un hombre curtido por la vida, ya que me proponías que estudiase una ingeniería para ganar dinero en el futuro y poder sostener a mi familia de la mejor manera posible, sin necesidad de pasar penurias, pero mi ideal también lo es. El estudio por gusto y pasión, frente al estudio por deber y futuro.

Es cierto que te defendías diciendo que a mí también me gusta la ingeniería, y no te desmiento, de hecho, me parece sumamente interesante, pero no me gustaría trabajar toda la vida en algo que me parece interesante, al menos solamente.

Sin embargo no quiero tirar por esta rama. Quiero defender el hecho de que no considero que me equivoque al elegir una cosa o la otra. Me decía un amigo mío a principios de verano que nunca nos equivocamos si atendemos a tres criterios en la vida. El primer criterio era ser realista con lo que somos y con nuestras capacidades. El segundo, tener en cuenta nuestros anhelos y deseos, puesto que éstos no son igual a cero, y el último era tener en mente la globalidad de la realidad, abriendo la cabeza al ideal que nos mueve. Ahora bien, debo admitir que real y sinceramente, ésto, es cierto, como que en el día hay luz y a la noche caen las sombras.

De hecho, una de las cosas que pensaba ayer por la noche mientras estaba tumbado en la cama escuchando a Howard Shore era que yo no me he equivocado mientras he seguido mis deseos.

Hace tres años deseaba ir al MIT, en Masachussets, ¿te acuerdas? Y por ello pedí plaza en el Bachillerato Internacional. Es cierto que al tiempo el deseo se difuminó y acabó transformándose en otro, estudiar dos ingenierías en la UPM. Ésto no fue por otra razón que por la pura realidad, ya que mi madre no se podía permitir pagar 5000€ al mes para que yo fuera a la universidad pero… en definitiva… había entrado en el bachillerato más difícil sobre la faz de España y no iba a estudiar en el extranjero. Muchos me llamaron tonto, y más cuando ahora, en segundo, suspendí dos asignaturas para septiembre, ya que estaba cursando un diploma más difícil para un objetivo que ya no iba a alcanzar. Pero no. Hoy, mirando atrás me doy cuenta de que no fue absurdo ni banal y que el deseo había sido sembrado en mí a lo mejor, sencillamente, para que fuera al BI. El conjunto de experiencias y conocimientos que adquirí son ahora para mí imprescindibles. ¡Coño! Que habría hecho yo ahora sin aquel deseo de ir a EEUU…

Y ahora, de nuevo, mi deseo se ha transformado, de estudiar una ciencia, a estudiar un arte. Por mi experiencia puedo afirmar que elija lo que elija, no me equivocaré ya que el camino siempre se bifurca… y ¡quién sabe qué sendero es más bonito que el anterior! Puede que cogiera una ingeniería y fracasase como ingeniero, puede que estudiase dirección en cocina y triunfase, o viceversa. El futuro no está en mis manos, pero sí que puedo caminar hacia adelante sin miedo ni sin límites creciendo en la certeza de que el que me dispone el futuro cada día, el que me abre el abanico de posibilidades para que yo elija una, me quiere, y, por ende, no dejará que me equivoque nunca.

Un fuerte abrazo,

Javier

 

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