Cada mañana me levanto con nuevas ganas de escribir tres o cuatro grandilocuentes versos, pero éstas se ven solapadas, día tras día, bajo medio kilo de legañas y la ineptitud de mi confuso bilingüismo. Asimismo, los deprimentes comentarios de una madre a tan sólo tres metros de las ganas de escribir del hijo también colaboran a la lapidación de las poéticas palabras que pudieran aflorar.

Se presentan, en un mismo escenario, el estudio y la voluntad, el futuro y el presente, el placer y el deber y, en solitario, la felicidad. Es un concurso de dilemas morales, o puede que de fuerzas celestiales, no lo sé. Sin embargo, lo que sí sé es que el “juego” consiste en elegir, o al menos en combinarlas de tal manera que eligiendo una puedas encontrar la otra… de tal manera que nos enfrentamos a un poderoso juego lógico y vital, aunque posiblemente más vital que lógico.

Tal y como enunciaba Einstein en su Teoría de la Relatividad General (TRG), el tiempo pasa, aunque en ocasiones más despacio de lo que debería. El tiempo se elonga y el espacio se contrae, o viceversa. Sin embargo, lo que a mí me queda es que no soy capaz de dar fin al diabólico juego de la realidad sin el riesgo de elegir erróneamente. Decía un amigo mío que “la vida es compleja, horrible y preciosa”, y que, por ende, tan compleja que no podemos equivocarnos o acertar en una elección… pero ese no es el sabor que suelen dejar las elecciones en nuestro paladar. De la misma manera que cuando decidí suicidarme, tras apretar el gatillo, sentí el fracaso en mis venas, también noté la dulzura de conquistar a la joven más preciosa de este mortal universo. Es decir, la vida puede ser compleja… pero existen los fracasos y las victorias.

Cualquiera desacreditaría estas palabras, tan sólo por que las escribe un muerto, pero he de decir que los muertos también se enfrentan a la vida, ¿o he de decir a la muerte? Irónicamente hay problemas que perduran en el tiempo… y en la muerte, y estos no son otros que la felicidad, los deseos, el deber… Aquellos dilemas que mueven masas y destronan reyes, que matan y dan la vida. En su sentido más metafórico, claro.

Sin más demora, ya he elegido. No sé si bien o mal, pero ya he descartado con el deseo y la esperanza de alcanzar todas las metas, no sólo las elegidas.

Atte.

El poeta que por vosotros vela

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