“Buenos días amor”. O al menos eso es lo que hubiese querido poder decir. Sin embargo con el estrepitoso jaleo que montan las golondrinas en el alfeizar de mi ventana, me levanto. Nada más abrir los ojos, cuyos párpados estaban pegados por las legañas, vislumbro un escenario gris. No es que no hiciera sol, ni que estuviera nublado, no. Sencillamente recuerdos de la noche anterior inundaron mi mente, desvelándome por completo y colmando mis ojos de lágrimas.

Anoche no cené nada pesado, ni vi una película hasta tarde, pero aun así, juraría que llevaba un traje de plomo puesto, invisible, intangible, pero de inimaginable peso. Sentía más que nunca cómo la gravedad me aplastaba y me impedía levantarme. Posiblemente Newton no extrapoló su teoría a los existenciales tópicos de la literatura, pero, en mi opinion, las fuerzas gravitacionales son más poderosas cuando uno se siente derrotado con la vida.

Así, lentamente arrastrandome por el suelo, alcanzo mi ordenador y lo coloco encima de mis piernas.  No sé que se suele hacer en estas ocasiones, pero ahora mismo encuentro muy tediosa la compañía… ¡por no hablar de ella! Si por mi fuera, la desterraría de la realidad y la mantendría a base de carne y música pop horrible, de esa que tanto la irrita.

Con suma tranquilidad coloco mi disco favorito en la cadena de música y abro mi correo. Nada. En un intervalo de 8 horas, nadie me ha escrito. Aunque sea lógico, ya que las personas tendemos a dormir por la noche, a excepción de los malcriados adolescentes que sólo saben pasar la noche del sábado haciendo un triste botellon, me llevo una decepción. Ahora sólo queda una solución: la sumersión completa en la música y liberación del mundo onírico como vía de escape de la realidad. ¡Qué poético suena ahora eso de tumbarse en la cama con los cascos puestos y limitarse a pensar!

Mäbu – Buenos dias (Spotify)

J. G. Manzano

 

PS: Se lo dedico a Julia, porque aunque viva en un valle en el que suele hacer hacer buen tiempo, ella también puede generar lluvia.

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