Tan sólo estoy esperando,
espero a que las hojas caigan,
a que la hierba crezca,
a que el tiempo pase.

Tan sólo espero, pero no en vano.
Espero a que mis pueblos crezcan.
Espero a que te fijes en mí, sí,
espero a que te fijes para que mañana te pueda abrasar
con las cálidad y efímeras antorchas
que hoy sostienen mis guerreros.
Espero poder acariciar tu efímera garganta con la guadaña
que antaño sostuviste tú mismo.
Espero golpear tu cara hasta que sangres el mismo dolor
nacido en los infiernos,
forjado con las violentas miradas
con que un hijo bastardo mira a su madre.

Y sin embargo, espero.
Espero derrotarte.

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