“Caballero, ¿quiere usted un saco lleno de sueños rotos?
como cristales fragmentados
tras un tifón de realidad?”

Los vendo baratos, pues no dejan de ser añicos
de un pensamiento,
de una idea ayer grandiosa,
de un ideal, divino.

Cuando un hombre construye una montaña
de tan sólo un grano de arena,
corre un solo riesgo, el riesgo del tiempo,
el riesgo de que la vida se imponga,
una vida que no da cuartel, una vida real e inexorable.

Y, así, como el ¡pop! de una burbuja,
los vientos, vitales y mortales, en granos tornan la montaña.

Ahora observo, respiro y soplo,
fundiendo sueño y realidad,
cristal y acero.

J. G. Manzano

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