Es del hombre la pregunta inherente,
es del ser el dolor innato,
son nuestros el sentimiento o la libertad.

Y aun así, yo quiero saber
por qué lloras,
yo quiero saber por qué penas,
yo quiero saber qué piensas.

Cada noche nuestros sueños vuelan,
envolviendo el dolor,
envolviendo el existir,
acallando las preguntas.

Y, sin embargo, tu vivir es mi vivir,
no por vínculo, sino por semejanza,
no por razón, sino por experiencia.

Así, yo te pido, yo te clamo,
que camines junto a mí,
que vislumbres mis estrellas
y que me muestres tus galaxias.

J. G. Manzano

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