Un día te levantas, enérgico,
te lavas y preparas.
Bajas a desayunar, y entonces
regresan los demonios.

Con sólo una mirada,
únicamente un pensamiento,
me revuelves el estómago,
pero no dejan de ser fotones que
no vuelven.

Como la tierra a la manzana,
tú eres mi centro de gravedad.
Rompiendo toda ley física,
es mayor mi atracción por tí
que hacia la misma tierra.

Si bien esto me ocurre
no tiene explicación cuántica,
yo sólo quiero desprenderme de todo
átomo cancerígeno, pues no deseo
tu metástasis.

Tuyo el electrón,
mío el protón,
y cuando vengas a mí,
entonces compartiremos los neutrones.

J. G. Manzano

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