Esta noche albergo un inexorable deseo
de comenzar una página nueva,
corazón abierto, pluma en mano.

Hoy, tenues rayos de luna  iluminan mi escritorio,
describiendo mi bohemia condición,
presagiando una dulce mañana,
de rocío bañada.

Mi corazón anhela todo lo efímero y todo lo eterno,
y la luna ilumina mi camino,
largo, aunque bello;
duro, pero ilustre.

Y ahora las estrellas acompañan
a esa joven dama, inspiradora de mis palabras,
elevando mi mirada, mi deseo,
a un infinito que no vislumbro,
pero si percibo.

¡Oh, guardianas de la noche!
¿A dónde llevaréis mi mente hoy?
Tan sólo con una febril mirada
me asombrais,
me maravillais,
con tan compleja y perfecta arquitectura
cómo granos de arena en un desierto.

Y si bien el sueño me abraza,
tan sólo os pido, suscitadoras de lo eterno,
que custodieis mi deseo,
pues mi condición,
y arrojo hacia la vida,
este alimenta.

J. G. Manzano

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