Hoy habito en una ciudad decadente,
sin final feliz.
Una ciudad de prostitución y mentiras, negra.

Cada rama de cada árbol está rota,
carcomida por la podredumbre que exhalamos,
iluminada por la tenue luz
de los bares de medianoche.

Sin aprecio ni desprecio, escupo un esputo,
aumentando el grosor del suelo que pisamos,
un suelo agrietado por dolor.

De remordimientos ausente, pienso.
Pienso en cada cosa que antes valió la pena
y que ahora yace, necrótica,
sin esperanza.

Acaban de tocar las doce,
una luna llena, ayer oculta tras cargadas nubes,
alumbra cada callejón oscuro,
cada cuervo que recorre
esta sucia ciudad.

Avanza un río de sangre y dolor
nacido de cada familia
alguna vez atormentada,
de cada violación nocturna,
clandestina.

Las parejas comienzan a salir del cine,
contentos,
sin saber el sino que les guarda,
una urbe manchada

Y ahora el cielo se cierra,
sacudido por aquellos fuertes destellos que
ayer destrozaron negras almas,
abandonando sus cadáveres,
inertes.

J. G. Manzano

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