Cómo barco en tempestad, mi razón porfía al cuerpo,
conteniendo todo espasmo en una efímera cárcel de intelecto,
evitando aquella dominación, aquel sometimiento en antaño alcanzado.

Si bien el hombre no es sólo carne, ¿en qué medida prevalece el juicio?
pues el nervio con que esta embiste a nuestra cordura
bien se pudiera equiparar al de una quimera.

Y si en la vida no todo es libido, ¿por qué nutridos somos
por nuestras pasiones?

J. G. Manzano

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